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Aullido Digital

Aullido Digital (fragmento modificado)

Autor Original Allen Ginsberg

” He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por las redes sociales, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose con su curriculum digital en LinkedIn, aldeanos cibernéticos con avatares sin rostro al amanecer buscando una dosis de compañía en salas de chat, WhatsApp, twitter, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión dial-up al dínamo estrellado de la madrugada con su máquina Intel Inside, quienes con ojos rojos y llorosos, se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural, flotando en sus protectores de pantalla la frase ya casi olvidada, ¿Hasta dónde quieres llegar hoy?.

Quienes expusieron sus cerebros en blogs llenos de Ego tambaleándose en sus recuerdos de lo que pudo haber sido bueno y nunca paso.

Quienes pasaron por los canales de video con ojos radiantes y frescos alucinando con ser los nuevos youtubers del milenio.

Quienes fueron expulsados de las escuelas por locos por publicar sus fotos obscenas en Instagram.

Quienes se presentaron sin afeitar y en ropa interior para Ice Bucket Challenge pos nomas.

Quienes se jodieron sus pelos púbicos para salir Tumblr o Snapchat.

Quienes se quemaron sus brazos con cigarros de mariguana encendidos protestando contra la legalización de la mariguana claro para uso medicinal.

Quienes dieron vueltas y vueltas en la glorieta de insurgentes preguntándose adónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos.

Quienes eyacularon en la mañana en la tarde en la oficina en el ciber vía Skype esparciendo su semen libremente a quienquiera que contestara su llamada.

Quienes chuparon y fueron detectados por el alcoholímetro culero que te llevo al torito matadero.

Quienes saltaron a UBER con el deseo de no ser un clase mediero.

Quienes hicieron check-in en Swarm en hoteles coloreados o bebieron Jägermeister en cualquier antro de la condesa o purgaron sus traseros noche tras noche con Netflix.

Quienes se encadenaron a sí mismos a las subastas de Ebay, a las cadenas perpetuas de tarjetas de crédito y ventas por internet.

Quienes haraganeaban hambrientos y solos por la zona rosa buscando jazz o sexo o sopa, y siguieron al brillante gringo para conversar sobre Vietnam y la eternidad, una tarea sin esperanza, y tomaron un barco para Africa.

Quienes se hundieron toda la noche en la luz submarina de Xbox o PlayStation sentados junto a la añeja cerveza después del mediodía en el desolado sofá, escuchando Spotify.

Quienes hablaron setenta horas seguidas por celular con mi plan ilimitado y sin igual.

Quienes se desvanecieron en ninguna parte de la era digital, troleando, memeando y mamando sin parar.

Quienes vapearon pensando que el cigarrillo electrónico no los puede matar.

Quienes estudiaron a Jodorowsky, Sub. Marcos, Werevertumorro, telepatía y cábala debido a que el cosmos instintivamente vibraba en sus pies y no en sus nalgas.

Quienes solos por las calles de Neza, Polanco y Coyoacán buscaban dealers chidos para comprar.

Quienes pensaban que sólo estaban locos cuando la Selección Nacional destellaba en éxito sobrenatural.

Quienes desaparecieron en los volcanes de México dejando tras suyo nada excepto la sombra del estiércol y la lava y la ceniza de la poesía quemada en Kindle.
Quienes soñaron y encarnaron brechas en el Tiempo y Espacio a través de imágenes yuxtapuestas, y atraparon al arcángel del alma entre 2 imágenes visuales y unieron los verbos elementales y establecieron el nombre y rasgos de la conciencia al mismo tiempo saltando con sensación de Padre Todopoderoso y eterno Dios (Pater Omnipotens Aeterna Deus) para recrear la sintaxis y medida de la pobre prosa humana y ponerse frente a ti estupefacto e inteligente y sacudirse con vergüenza, rechazando incluso revelar el alma para conformarse al ritmo del pensamiento en su desnuda y eterna cabeza, el vagabundo loco y el golpe del ángel del Tiempo, desconocido, incluso poniendo aquí lo que podría dejar de ser dicho en tiempo de volver después de la muerte, y surgieron reencarnados en los trajes fantasmales del jazz en la sombra del corno dorado de la banda y exhalar el sufrimiento de la mente desnuda de México para amar en un estribillo que dice Sol no entiendes lo que pasa aquí esto es la noche y de la noche son las cosas del amor el corazón a media luz  siempre se entregara. Saxofón que llora estremeciendo a la ciudad de México bajo la última radio con el corazón absoluto del poema de la vida descarnada de sus propios cuerpos buenos para comer mil años. “

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